El viernes 13 de noviembre tuvimos la última charla de nuestro ciclo «La lectura interminable: ¿Por qué (re)leer los clásicos de la LIJ?». En esta sesión, Carola Vesely Avaria, Doctora en Literatura Hispanoamericana de vanguardia y posvanguardia de la Universidad de Salamanca, aborda la obra de Carlo Collodi en su charla titulada «Pinocho o el arte de la desobediencia».

Nuestra compañera Carola Vesely recoge el clásico de la literatura escrito por Carlo Collodi (1826-1890), texto que fue publicado, inicialmente, entre 1881 y 1882, de manera seriada en forma de entregas semanales para el periódico Giornale per i Bambini, bajo el título La historia de un títere.

Esta serialidad de la obra permite un diálogo permanente entre el narrador y los/as lectores/as, señala Vesely. Para ejemplificar nos recuerda que esta versión es más cruda y termina «con el títere ajusticiado en el capítulo XV. Pero hubo una protesta de los lectores, siendo una muestra de esta participación activa del lector que se da desde un comienzo». En efecto, se mandaron cartas con quejas al diario y, en la edición siguiente, el periódico anuncia que Pinocho sigue vivo. Tras esto, Collodi resucita a su héroe y convierte a la obra en Las aventuras de Pinocho.

Al respecto, Carola cita a Lila Weinschelbaum: «Su curiosa génesis es un ejemplo claro de colaboración entre un autor y sus lectores» y lo considera como un gesto muy importante en relación con el tema que guía su charla: la desobediencia, «que es la subversión, que es cómo dar vuelta las estructuras y jerarquías tradicionales. Aquí los lectores han tenido la palabra y han exigido la continuación de esta historia».

Una vez terminada la publicación por entregas en el periódico, aparece la primera edición de Las Aventuras de Pinocho íntegro en 1883 y, rápidamente, se convierte en un éxito.

Debido a su contexto histórico (la unificación italiana), hay una connotación crítica a la esclavitud y la tiranía, comenzando una tradición de literatura patriótica, pues se alinea con el propósito unificador, especialmente en la formación de niñas y niños. Por lo tanto, señala Vesely, la literatura para la infancia en la Italia del siglo XIX tiene un carácter edificante, más cercano a la pedagogía que al arte de la palabra. Y el autor de Pinocho no logra desmarcarse del espíritu patriótico que reina en Italia y en su obra se evidencia el deseo de inculcar obediencia y disciplina, afirma nuestra compañera, citando a Graciela Pacheco de Balbastro. 

Carola considera que «Pinocho es un desafío a la idea de obediencia. […] Collodi desobedece en múltiples sentidos: desobedece al plantear un tipo de literatura que requiere de la colaboración del lector para constituirse; desobedece en varios elementos relacionados con su estructura narrativa; […] la configuración de los personajes es uno de los elementos principales de la desobediencia de Collodi; el discurso subversivo, que será la línea que nos va a guiar a lo largo de esta conversación y la complejidad en sus diferentes facetas, lo complejo en tanto a aquello que desafía lo arquetípico; los diálogos fluidos […] Collodi plantea esta novela a partir de, prácticamente, solo diálogos, permitiendo aun así una fluidez y un dinamismo maravilloso. […] Algo muy importante es este péndulo, este devenir entre lo moralizante y lo subversivo, que también tiene que ver con lo complejo, con la paradoja, con desafiar los arquetipos. No va a ser un niño malo-malo, pero tampoco bueno-bueno. En tanto, el libro no va a ser solamente subversivo, sino también moralizante. La mejor desobediencia de Collodi fue escribir Pinocho».

Vesely menciona que esta obra ha sido considerada, en algunas de sus interpretaciones, como una novela de formación. Cita a Graciela Pacheco: «Pinocho… es un niño de madera que trata de ser un niño de carne. A diferencia de Peter Pan, metáfora del niño que no quiere abandonar su infancia, Pinocho quiere crecer, quiere crecer por dentro y por fuera». Carola señala que es, en ese sentido, que se habla de una novela de formación, pues está presente en la obra la intención de crecer, de encontrarse a sí mismo, de madurar, de darse esa vuelta, esas peripecias y luego volver al origen transformado, es decir, hay una voluntad de transformación.

Entre otros elementos, nuestra compañera destaca la configuración del protagonista, «puesto que se trata de un personaje complejo y dinámico, que se encuentra en una constante lucha interna entre lo instintivo y lo racional. Se trata de un personaje que experimenta una notoria evolución, pero no es alguien bueno-bueno, sino verosímil como un niño, como un lector».

¿Cómo se describe a Pinocho? Carola no duda en mencionar, en primer lugar, la palabra mentiroso, pero también desobediente, irreflexivo, sordo a los consejos de Pepe Grillo, testarudo, impulsivo, agresivo, necio, voluble, influenciable. Sin embargo, destaca que también se define en la propia novela como un niño con «corazón de oro», que lucha por convertirse en un niño «como es debido», noble, soñador, sensible, que se engrandece ante la adversidad, valiente, que infunde valor a los demás, seductor y gracioso. En resumen, es un personaje de claroscuros.

Nuestra compañera narra la escena de Pinocho ante el juez, en la que Collodi juega con nuestras expectativas como lectores. El juez, tras conmoverse con la historia de Pinocho, llama a dos mastines vestidos de gendarmes que se lo llevan a la cárcel. Esta escena, afirma Carola, dialoga fuertemente con nuestra actualidad en lo que respecta al maltrato infantil: Sename, la justicia, la revuelta, y cómo se ha maltratado desde la policía a la infancia. Todo revela elementos «que hacen de Pinocho un libro de actualidad eterna. Cada vez que lo volvemos a leer, volvemos a encontrar que nos está interpelando en el hoy […]. Un clásico es un clásico, porque nos va a interpelar siempre, lo leamos cuando lo leamos». Esta escena, ejemplo de muchas, es un mundo al revés, evidenciando una crítica mordaz al mundo adulto.

Carola recoge la afirmación de Gianfranco Contini (1974): «Esta es literatura sin adjetivos, no literatura para niños», y luego señala que, en el año 2009, ese concepto es retomado por María Teresa Andruetto en su libro Hacia una literatura sin adjetivos, «donde propone, precisamente, la necesidad de considerar la literatura para niños como una literatura sin adjetivos, como literatura. Pinocho, entonces, como una literatura sin adjetivos. ¿Cómo es esta literatura sin adjetivos? Transformación, juego, libertad, fantasía creativa y liberadora, perspectiva crítica. En el fondo, ¿qué nos propone este Pinocho desobediente? Dejar de ser marionetas, liberarnos de los hilos que nos manejan».

Nuestra compañera cierra su charla con una cita de Benedetto Croce: «Pinocho es la fábula de la vida humana; del bien y del mal, de los errores y de los arrepentimientos; del ceder a las tentaciones, a la comodidad, a los caprichos, y del resistir y replegarse y volver a levantarse; del atolondramiento y de la prudencia; de los impulsos egoístas, de los altruistas y generosos. […] La madera de que está tallado Pinocho es la humanidad».  

Puedes ver la charla completa acá: