El 6 de noviembre, en el marco de nuestro ciclo de charlas «La lectura interminable: ¿Por qué (re)leer a los clásicos de la LIJ?», Blanca Hernández, máster en Libros y Literatura infantil de la Universidad Autónoma de Barcelona y Magíster en Didáctica de la Lengua y la Literatura de la UMCE, nos habló de la obra de Astrid Lindgren, Pippi Calzaslargas.

Nuestra compañera Blanca Hernández compartió su lectura de la obra Pippi Calzaslargas de la escritora sueca Astrid Lindgren (1907-2002). A través de su charla, nos cuenta que Lindgren escribió más de 80 obras, en las que habla de una infancia que añora y que fue perdida, entre ellas: Cartas de Britta Mari (1944), El gran detective Blomquist (1946), Los niños de Bullerbyn (1947), Karlsson del tejado (1955) y Miguel el travieso (1963). Al respecto, Blanca señala: «Vemos aquí, en un espacio de la infancia, distintas miradas acerca de las niñas y los niños y —como les contaba en un principio—, dos referentes de niñas huérfanas: Ana de las Tejas Verdes y Poliana, van enmarcando también cómo ella va a mirar a estos niños y niñas que viven en soledad. Si desde la conmiseración, si desde la moralina, o bien desde la libertad o la independencia». Y cita a la misma autora: «Yo no he tratado de explicar nada ni con Pippi ni con ninguno de mis otros libros. Yo escribo para entretener al niño que llevo dentro de mí y espero que al hacer esto otros niños obtengan alguna diversión también».

Uno de los focos de lectura que comparte Blanca en su charla se centra en la «obediencia resquebrajada» que es posible observar en Pippi. Se trata de un personaje que «subvierte, que rompe con los arquetipos femeninos de la infancia; en primer lugar, el de la niña, cómo ella se ve, cómo es su apariencia, la vestimenta es simplemente de utilidad. Ella juega con la ropa, no intenta mostrar ni aparentar nada más. Y también desde la infancia, porque es una niña que no tiene madre y su padre ausente, no desde el punto de vista peyorativo, sino desde una mirada orgullosa, desde Pippi por tener un padre rey de caníbales, que da vuelta al mundo con piratas. Entonces es para ella un referente de fuerza importante».

Por su parte, Blanca destaca que el personaje de Pippi es una niña que vive sola, autónoma, que tiene autocuidado y que se autoeduca. Se trata, entonces, de un referente, de un personaje subversivo, «incluso desde la neosubversión, en palabras de Laura Guerrero Guadarrama, que, si bien no la presenta a ella como tal desde la literatura neosubversiva, para mí es claramente un referente, porque subvierte desde el lenguaje, desde la representación que es ser niña, de la representación de la infancia y también de cómo se configura el mundo adulto en este libro».

Pippi es quien da lecciones a los demás personajes, no al revés. Cuenta con amigos, Tommy y Annika, que personifican al niño y la niña bien portados, lo canónico y lo establecido, todo lo contrario a Pippi. Es ella quien está constantemente mostrándoles otras perspectivas del juego, de la infancia y también del mundo adulto.

El segundo foco de lectura propuesto por Blanca se centra en las representaciones de las pelirrojas. Afirma: «Hay mucha estigmatización desde, incluso, la Antigua Roma que los celtas y los galos eran enemigos pelirrojos; en el Antiguo Egipto también se hacían sacrificios con hombres pelirrojos y también desde lo bíblico, desde la mitología incluso podemos ver referencias claras».

Nuestra compañera menciona la carga histórica y religiosa que ha caído sobre las personas de pelo rojizo, sobre todo las mujeres, siendo su sexualización uno de los estigmas más frecuentes, junto con su vínculo con Satanás. Pero ¿cómo podemos relacionarlo con Pippi?, se pregunta Blanca, ¿de qué manera el hecho de que sea pelirroja y pecosa podría ser importante? Para responder a estas preguntas, hace un contraste entre Ana de las Tejas Verdes y Pippi Calzaslargas: la primera no se siente cómoda ni feliz con su apariencia, principalmente, el color de su pelo; la segunda, en tanto, se siente feliz de sus pecas, pues no la hacen sufrir. «A Pippi no le interesa mucho la apariencia, le importa más jugar, le importa más entretenerse, le importa más descubrir aventuras, no estar pendiente del vestido ni de cómo le quedan las calzas».

Para cerrar, Blanca cita a la misma autora: «En algún lugar en las esquinas secretas de la mente de un niño solo con un libro se crean las imágenes personales que se extienden detrás de las fronteras. Esas imágenes son vitales para la humanidad. El día que la imaginación infantil ya no tenga más capacidad de crear imágenes será el día en el que la humanidad estará un poco más empobrecida. Todas las grandes cosas que han sucedido en el mundo, primero sucedieron en la imaginación de alguien y el modo en el que siga el mundo del mañana dependerá fundamentalmente del grado de imaginación que exista en aquellos que hoy están aprendiendo a leer. Es por esta razón por la cual los niños necesitan de los libros».

Puedes ver la charla completa, acá: