El viernes 25 de septiembre, Claudia Andrade Ecchio, doctora en Literatura Chilena e Hispanoamericana de la Universidad de Chile, especialista en literatura infantil y juvenil, abordó este clásico en una emotiva y reflexiva charla sobre La historia interminable de Michael Ende en nuestro primer ciclo de charlas «La lectura interminable: ¿Por qué (re)leer a los clásicos de la LIJ?».

Claudia Andrade Ecchio, doctora en Literatura Chilena e Hispanoamericana de la Universidad de Chile, especialista en literatura infantil y juvenil, realizó la charla «La historia interminable o el derecho a la esperanza» para plantear su propuesta de lectura sobre esta obra esencial de Michael Ende publicada, en Alemania, por primera vez en 1979.

Esta obra, señala Andrade, transformó la escritura de narrativa infantil y juvenil en Alemania, porque la fantasía era relegada a un otro espacio, en la medida que se asociaba con los totalitarismos. Se trata de una obra que traspasó generaciones, espacios y territorios, que es rica en múltiples referencias como La metamorfosis, las novelas de caballería y La Odisea: «[…] nos imbuimos en una historia interminable también de la literatura. Acá se conectan todas las obras, se conectan todos los espacios y, por eso, no es de extrañar que nosotros veamos esto y podamos, en el fondo, darnos cuenta de que, a pesar de las distancias históricas, la obra nos está hablando a nosotros también».

Claudia nos invita a pensar: «¿Qué hace que un libro se convierta en un clásico? ¿Su calidad literaria? ¿Los referentes a los que nos invita? Sí, yo creo que sí, pero no es eso. ¿Será también su forma de contarnos una historia extraordinaria con personajes que nosotros vamos a recordar por el resto de nuestras vidas? […] También es relevante la capacidad que tiene la obra de trascender el contexto histórico en el que fue escrita y que hoy, a prácticamente 40 años de la publicación original de la novela en alemán, nosotros estemos acá, una tarde de septiembre, conversando sobre esta novela y leyéndola, además, desde nuestro territorio».

Nuestra compañera plantea una interesante propuesta de lectura consistente en dividir la obra en las dos partes: la primera, de la A a la L, que denomina «De la apatía burguesa a la imaginación revolucionaria», y la segunda, de la M a la Z, bajo el rótulo de «Individualismo, vaciamiento y la pérdida del yo».

Sobre la primera parte, Claudia recalca la constante apelación al lector, uno que no quiere ser convocado a la aventura, hasta que nos entusiasmamos con ella, porque la obra «invita a abandonar el ajetreo de la vida cotidiana para adentrarnos en lo desconocido». De alguna manera, todas las ediciones que ha tenido la novela de Ende buscan replicar la idea de metaficción, es decir, que la novela es, a su vez, la historia interminable, y que, en consecuencia, al momento de abrir sus páginas, comenzamos a formar parte de ese mundo.

En ese sentido, Claudia resalta algo clave: leer es un acto político. Y La historia interminable «nos habla sobre qué es leer, qué significa leer en un contexto donde prima un espacio vacío, gris y donde la nada lo está consumiendo todo. Nosotros, al igual que Bastián, somos esos pequeños burgueses que tenemos frente a nosotros la posibilidad de leer un libro y que nos insertamos en esa lectura como burgueses a mirarnos en nuestro propio espejo y ver nuestras propias comodidades, pero también nuestros propios vacíos y temores. Lo que queremos ver y lo que no. La novela nos invita a salir de ese espacio cómodo. A acudir al llamado».

Y el llamado es a involucrarnos, a abandonar la apatía. Pero «¿qué tan dispuestos estamos a abandonar todas nuestras creencias?», es una de las tantas y enriquecedoras preguntas que nos plantea Claudia, porque la obra nos invita a salir de nuestro espacio, mirar el entorno y vernos a nosotros mismos.

A su vez, en esta parte de la obra cobra relevancia el poder de la palabra: «El poder de la palabra no solamente construye realidades, sino que crea historias, construye estereotipos, los perpetúa y los naturaliza. […] Para poder crear una historia nueva, un mundo nuevo, una realidad otra, hay que renombrar nuestro entorno, hay que resignificarlo y eso implica comprender que hemos sido parte del poder hegemónico».    

La segunda parte de esta propuesta de lectura, que abarca la historia desde la M a la Z, Andrade la llama «Individualismo, vaciamiento y la pérdida del yo». Acá se nos hace una advertencia: no debemos enceguecernos con el poder que posee la palabra, ni vaciarnos de contenido y ni olvidarnos del resto.

Afirma que no es de extrañar que esta parte no guste tanto como la anterior, pues nos enfrenta a lo que no queremos ver: «incluso siendo revolucionario y teniendo ganas de cambiar el mundo, podemos llegar a cambiar el mundo y transformarnos nosotros en los nuevos opresores». Esta parte, afirma, es una manera alegórica de mostrar que no solo es necesaria la voluntad, sino que también implica un cambio en nosotros mismos. Por ello, la historia es una invitación constante a mirar lo que hacemos frente a los distintos llamados que recibimos a lo largo de nuestra existencia. En ese sentido, el llamado de la obra de Ende «no es solo a nombrar una nueva realidad, sino que a construirla y, para hacerlo, no basta la voluntad. Sin memoria no se avanza».

La lectura desde la relevancia de la memoria que hace Claudia es emotiva, quizá dolorosa para algunos, pero certera, pues nos hace reflexionar no solo en nuestras historias individuales, sino también en nuestra historia como país y como Latinoamérica.

Para cerrar dice:

«Leer y releer la historia interminable es tan urgente como necesario porque, frente al desamparo y al agobio en que nos hemos sumergido en el sistema actual, que vacía de sentido toda nuestra existencia, ante la indiferencia, ante la usurpación de los territorios ancestrales, ante el consumo compulsivo y al agotamiento de los recursos y de nosotros mismos, necesitamos el coraje y la convicción de Atreyu, necesitamos la buena suerte del dragón Fújur, también la sabiduría del “no hagas lo que quieras, solamente busca tu verdadera voluntad” […] También necesitamos la comida del alma que nos da doña Auiola y, por supuesto, la entereza, ese mensaje que nos manda la Emperatriz Infantil de que nunca está todo perdido. Porque, por ahora, Fantasia sí se salva, pero si algo nos muestra el Áuryn de manera evidente es […] que la nada puede volver a tomar el lugar de la vida en cualquier momento y que la desesperanza siempre se puede a volver a instalar en lugar de la imaginación y de la libertad. Y hoy, más que nunca, necesitamos abrigar este derecho a la esperanza, ante esta vieja nada que nos está volviendo a amenazar».

Puedes ver la charla completa en el siguiente enlace: