El viernes 7 de agosto y con aforo completo, en el marco de nuestro seminario web «La lectura interminable. ¿Por qué re(leer) los clásicos de la LIJ?», la escritora, editora y especialista en literatura infantil y juvenil, Carola Martínez Arroyo, realizó un análisis e interpretación de la obra de James Matthew Barrie Peter Pan y Wendy, bajo el título «Peter Pan y Wendy: subversión, infancia y adultocentrismo».

Carola Martínez Arroyo, escritora, editora y especialista en literatura infantil y juvenil, autora de Matilde y Nunca Jamás (ambas editadas por Norma), inicia su lectura haciendo un recorrido por los orígenes de este clásico. Expone las relaciones del autor con otros y cómo se va nutriendo para dar vida a su obra, primero a través de cuentos y obras de teatro (1902) hasta llegar a la novela (1911), que es publicada en español en 1925.

Carola plantea que esta obra es oscura y profunda, señalando al respecto: “Pensar que los niños son seres alegres, inocentes y sin corazón se contrapone firmemente a la idea romántica de infancia de seres angelicales y despojados de maldad. Peter también es egoísta, irresponsable, inconstante y tremendamente encantador, un personaje complejo, difícil de encorsetar en una definición. Esta idea de infancia es aún revolucionaria en nuestra época, en donde los niños y niñas desarrollan tempranamente un extraordinario deber ser. Peter estimula la rebeldía, el juego, con una idea de diversión que roza lo brutal. Hay golpes, persecuciones, cuchillos, espadas, un mundo infantil que busca escapar del ojo censor de los adultos y hacer cosas que no hacen frente a padres, madres o tutores”.

Se refiere también al simbolismo de Nunca Jamás, señalando que “es el lugar de la infancia, donde todos los deseos de niños y niñas se vuelven realidad”. La autora afirma que allí no todo es juego, pues “la infancia tiene esa tirantez, esa tensión permanente, hacerse mayor de golpe, no crecer nunca más, sentirse seguro, experimentar aventuras, escapar de la madre, tenerla siempre a mano”.

Asimismo, en su lectura de la obra también reflexiona acerca del abandono: “Peter volvió y la puerta estaba cerrada, como está cerrada para cientos de miles de niños y niñas en el mundo. Peter no puede crecer, ha sido abandonado. Su madre cerró con barrotes la ventana que debió estar siempre abierta, esperando. Peter no tiene quien le señale cómo es jugar, se equivoca […] no conoce límites, no siente ni frío ni calor. Igual que miles de niños y niñas, igual que esas infancias que pasan sin saber qué son los derechos humanos. Los hijos de nadie, a la intemperie, sin hadas que les preparen casitas, sin un niño pájaro que los acompañe esa noche interminable, o en la cárcel o en los hogares o en las casas de acogida”.

Su lectura, dice, es desde el asombro frente a una obra que, incluso con un siglo de antigüedad, es capaz de “romper con el adultocentrismo y pensar la infancia como una otredad”.

Al cierre, Carola plantea que “la mayor riqueza de este libro es que es un espejo de la infancia, de sus dolores, de sus tensiones, sus exageraciones y es también un espejo de qué ocurre frente al abandono, la pérdida o la falta de alguien que te guíe. Quizás la mayor invitación de Peter es tener en cuenta que todos los niños y niñas fueron pájaros, y que deberíamos cuidarlas y cuidarlos con el cariño que cuidamos un nido lleno de golondrinas”.

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